
Una tarde de finales de marzo de 2003 miles de bilbaínos se concentraban en la explanada de Abandoibarra.
Asistían ilusionados a la inauguración de una de las realizaciones más renovadoras de la fisonomía de Bilbao, el paseo ajardinado que abarca desde el Palacio Euskalduna de Congresos y de la Música hasta el puente de La Salve, más allá del sorprendente perfil del Museo Guggenheim Bilbao.
Varios años de proyectos, trabajos y las consabidas dificultades para la vida ciudadana han dado como premio la recuperación de un espacio de cerca de 40.000 metros cuadrados de superficie –que en un futuro se ampliarán en otros 8.000– al borde de la ría del Nervión.