
Entre la Playa de la Concha y el tramo final del río Urumea se extiende el primer ensanche de San Sebastián.
Cuando, iniciada la segunda mitad del siglo XIX, los donostiarras consiguen que se derriben las murallas que durante siglos habían protegido y constreñido su ciudad, lo hacen pensando en crear un nuevo centro para la población que además cumpliese los cánones urbanísticos de la época, reflejados en los principios de la burguesía y las nuevas ideas que se estaban desarrollando en aquella Europa de la Revolución industrial, científica y económica del siglo XIX.
El encargo de su diseño fue adjudicado al arquitecto Antonio de Cortazar. Con su proyecto quintuplicó la superficie; creo un nuevo centro comercial y de negocios; tuvo la visión de crear un área pensada para el turismo y el esparcimiento en la zona del Paseo de la Concha y otra para la función administrativa comercial y residencial en el resto.
Ese ensanche es en la actualidad el centro comercial y administrativo de la ciudad. Un lugar que invita al paseo y a ese deporte tan donostiarra de “ver tiendas” y que con tanto entusiasmo practican, también, los que visitan esta hermosa capital.