
Entre la antigua ciudad medieval y el Ensanche, situado en el llano,
median varios siglos y un considerable desnivel del terreno. El Ensanche
del siglo XIX, trazado por el arquitecto vitoriano Antonio de Olaguibel,
destaca fundamentalmente por la excelente solución urbanística
que diseñó para salvar este pronunciado declive, construyendo
el paseo porticado de los Arquillos, pleno de funcionalidad y de encanto.
También dirigida por Olaguibel es la Plaza de España, de
estilo neoclásico, que promovida por el ayuntamiento con el fin
de dotar a la ciudad de una Plaza donde pudieran realizarse festejos,
corridas de toros y mercados populares, da entrada a la ciudad romántica,
construida tras la llegada del ferrocarril en 1862.
Pese a lo reducido de sus dimensiones representa hoy día la zona
más viva de la ciudad y en la que radica la mayor actividad social,
comercial y económica. Un dechado de ritmo y proporciones con vías
que se cortan perpendicularmente, bordeadas de miradores de una intensa
blancura y sembradas de esculturas de los principales artistas vascos;
es el reino de los peatones y ciclistas. Lugar clave de este Ensanche
vitoriano es el frondoso parque de La Florida que se prolonga en el paseo
de la Senda flanqueado por palacetes que albergan instituciones y museos.